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martes, 14 de julio de 2015

LOS CINCO PUNTOS PARA VIVIR DOS VIDAS O EL ENCUENTRO DE TU YOEXISTENCIAL?




VIVIR DOS VIDAS,  EL ENCUENTRO DE TU YO EXISTENCIAL ó PONERSE EL MUNDO POR MONTERA!


LEYENDO ESTE FIN DE SEMANA "EL PAIS",  HE PODIDO VER EL INTERESANTE ARTÍCULO SOBRE IRIS APFEL, una interesante personalidad de la que podríamos decir que "no tiene edad".

El encontrar tu yo existencial es el motor que te ayuda a ver la vida con esta vitalidad arrolladora de Iris Apfel, podríamos decir que "se pone el mundo por montera" y de allí me gustaría recordar a las empresas que utilizan "tallas grandes" "moda violeta" para señoras de edad, que es igual a ver unos escaparates con ropas anchas y colores siempre neutros, como para hacer desaparecer a la persona -rasgo que no existe en los esparates masculinos, que normalmente son de libre elección- y nadie los cataloga por edades ni tamaños... Alguien ha visto una tienda para caballeros ..en esa edad delicada donde la cintura le impide utilizar los modelos existentes y por ello realizan circunferencias imposibles?

Por tanto, señoras...ponganse el mundo por montera:



Iris Apfel ha vivido dos vidas. La primera transcurrió entre 1921 y 2005. Fueron sus primeros 84 años, en los que Iris creció en su Nueva York natal, los de su inicios con la moda trasteando con los retazos de tela que le regalaba semanalmente su abuela, los que estudió Arte en la Universidad de Nueva York, trabajó para el Women's Wears Daily, para la interiorista Elinor Johnson y se enamoró. En 1948 se casó con Carl Apfel y con él fundaría su cotizada marca de telas Old World Weavers. Fue la etapa que trabajó de decoradora para nueve presidentes de EE UU(desde 1950 hasta 1992, el último fue Bill Clinton) y se recorrió los mercadillos de todo el mundo buscando las piezas más excéntricas y originales para su exigente clientela. Esos primeros 84 años fueron los de una Iris Apfel que era una eminencia en su mundillo y uno de los personajes más icónicos de la sociedad neoyorquina, pero totalmente desconocida para el resto del planeta, que todavía desconocía su maravilloso universo.
La segunda vida de Iris Apfel comenzó en 2005. Fue cuando a Harold Koda (comisario del Metropolitan de Nueva York), le contaron que había una mujer en la ciudad que tenía la colección de joyas de Alta Costura más impresionante de EEUU. Koda se interesó por ella, quedó fascinado y decidió dedicarle una exposición que un principio sólo iba a ser de accesorios, pero pronto comprendió que era imposible disociarlos del estilo de su propietaria y decidió crear una gran muestra con 80 looks que eran pura fantasía. Porque Iris Apfel no sólo son sus voluminosos collares y pulseras. Iris Apfel es esa rara avis (así llamarían a la exposición) capaz de combinar una chaqueta de piel de Versace pintada a mano con unos pantalones comprados en un mercadillo y estar absolutamente fabulosa. La exposición del Met fue un auténtico bombazo, el boca a boca funcionó y Apfel se convirtió en la "anciana debutante de la moda" más requerida del sector. Posó en la portada de Vogue Italia (en S Moda también tuvo la suya) y desde entonces su teléfono no ha dejado de sonar.

El teléfono de Apfel tampoco quiere callarse en el coloquio que compartió el viernes con el centenar de espectadores que acudieron a ver Iris, el imperdible documental que Albert Maylses grabó antes de morir y que demuestra que Apfel es un bellísimo ser humano e irrepetible. De esta pieza audiovisual y de la posterior charla que el icono de moda (y de vida) ofreció en el marco de la pasarela 080 Barcelona Fashion, os dejamos 5 lecciones vitales de una mujer fascinante:
1) La belleza eres tú. Cuando una adolescente Iris compraba por los almacenes Loehmann's de Nueva York, la propietara se le acercó y le dijo: "Llevo tiempo observándote y, ¿sabes?, no eres guapa ni serás guapa, pero tienes algo más importante: estilo". Apfel se ríe de todas las convenciones de belleza que rigen la sociedad ("no estoy de acuerdo con la belleza") y aboga por vivir una vida llena de color y con diversión como antídoto a las reglas sociales del buen vestir. Por eso odia a la gente que viste de negro o que es esclava de la cirugía. "¿Para qué vas a liarlo más? Si te operas puedes quedar peor y parecer un Picasso. Después la gente se dará cuenta de que estas manos arrugadas no van con tu cara estirada. No hay razón para hacerlo. O como ella misma resume: "La vida ya es gris y aburrida, por lo que se puede divertir y hacer feliz a la gente con un poco de fantasía".
2) No seas borrego, explota tu personalidad. "Odio a toda esta gente homogeneizada, son todos iguales". Para Iris Apfel vivimos una de las peores décadas de la moda, con una sociedad obsesionada por vestir igual a lo que les dictan. "Se ha perdido toda la originalidad. Se hace poco y lo que se hace es de mala calidad. Los diseñadores viven obsesionados con los medios de comunicación y no saben coser. Todo el mundo trabaja con máquinas. En los 50 y los 60, eso era otra historia, como con Balenciaga". A Iris le extraña que la gente se sorprenda con su excéntrico estilo. "Lo que me parece raro es cómo la gente sale a la calle en masa con esas chanclas y esas camisetas blancas tan simples de tirantes. Parece que van todos a la piscina".
3) Educa tu mirada y no te aferres a tus pertenencias. "Todo el mundo debería ir a los museos, no dejar de visitarlos. Aunque no estés buscando inspiración para tu mente, la encontrarás y alimentarás tu alma". Si a Iris se le pregunta de qué prenda u objeto sería incapaz de desprenderse (tiene tres pisos llenos de ropa y un almacén gigante en Nueva York con auténticos tesoros de todos sus viajes) ella responderá al momento: "Oh cariño, en esta vida no eres dueño de nada, no estaremos en la Tierra para siempre y lo que tienes es como si simplemente lo hubieses alquilado".









4) Huye de las reglas e improvisa. Quién piense que esta nonagenaria se pasa la noche pensando qué va a ponerse al día siguiente está más que equivocado. "Para mi vestirse es toda una improvisación, es como tocar jazz. Yo no planeo nada. No me visto intelectualmente. En casa no visto así, me pongo un vaquero y una camiseta. Vestir debería ser siempre algo divertido, sin estresarse". La genialidad está en el proceso,"nunca sigas las reglas". Por eso ha hecho suya aquella frase que una mujer dijo: "me importa un bledo ir a la fiesta o estar en la fiesta, es vestirse para la fiesta lo que me importa. Es ahí dónde está la verdad y la poesía". Y un par de últimos apuntes: "Si te preocupas demasiado por cómo vas, te perderás a ti mismo. Si estás perfecto pero incómodo, es que no tiene sentido lo que te has puesto".
5) "Es mejor ser feliz que ir bien vestida". Ella lo es. Vive una relación entrañable, idílica y de devoción mutua con su marido Carl (con 101 años a sus espaldas). Una conexión sentimental más que patente en el documental, que emocionó a la audiencia aglutinada en la Fundació Miró y que no dudó en felicitarla por ello tras el visionado. Es su compañero de fatigas. Iris cuenta durante el metraje que lo que le quita el sueño por las noches no es la ropa o los eventos que tendrá que cubrir al día siguiente: "son todas estas dolencias y cosas de la edad que nos está tocando vivir". Pese a las dificultades, Apfel es una mujer de 93 años que todavía tiene fuerzas para levantarse y recorrerse los mercadillos de Harlem para regatear por un bolso en una tienda africana. No se equivoquen, no lo hace por un afán capitalista, ella es una cazatesoros y lo deja claro "comprar no es lo mismo que buscar". Antes de irse, deja un apunte a Christine Lagarde (directora del Fondo Monetario Internacional) a propósito de esas infames declaraciones que decían que "la gente mayor vive demasiado y es un riesgo para la economía": "Es tan imbécil esa frase que no quiero gastar mucha saliva. Los ancianos no estamos arruinando el planeta. Además, ¿a qué edad se es viejo?".http://m.smoda.elpais.com/articulos/iris-apfel-lecciones-de-vida-documental/6528?id_externo_rsoc=FB_CM










miércoles, 4 de marzo de 2015

El objetivo inconsciente. Capítulo 5.




Capítulo 5. El Graznido de las ocas

El objetivo inconsciente.






©gloria giménez





El condimentar el hígado de las ocas es una de las tradiciones heredadas del viejo Egypto, que ya desde los tiempos de los faraones solían realizar mediante las matanzas de ocas y patos al iniciar las aguas altas del invierno.

En primavera y principio del verano todos los alados del Nilo voleteaban alrededor de toda la ribera en los campos de plantados y de allí solían ingerir todo el grano y cebada que les era posible, para mayor escarnio de los agricultores, cuyas mujeres movían sus  túnicas dando vueltas como en los bailes suffies para espantar tamaña ingesta de grano. Engrosaban las aves así sus hígados de firma instintiva para que les permitiera pasar el frío invierno.

En la maison Sehadín, nuestra casa libanesa, esta tradición se llevaba a cabo todos los atardeceres, después de la época de la caída de las hojas. El inicio del invierno era una buena época para preservar este manjar de los calores del verano. Los beteados con exquisitas mermeladas de higos y miel, eran mis preferidos. Aunque la elaboración en la cocina llevaba tanto ajetreo que a veces, no me dejaban fisgonear junto a mis amigas Samira y Lea; sin embargo, podíamos acompañar en la vistosa elección de las ocas.


En la compra, acudíamos al rebaño de Hayat, robusta de mejillas enrojecidas por los áridos contrastes del desierto, de origen beduino, solía ir acompañada de otras mujeres que compartían jaima, desierto y quizás marido, de espíritu nómada las mujeres beduinas gozan de libertades que otras mujeres musulmanas miran horrorizadas. Compran y venden sin la compañía de sus maridos y visten ropajes vistosos con pañuelos atados en la cabeza y cintura repletos con abalorios  de plata y monedas de latón dorado y plateado que tintinean con sus movimientos exagerados, a la vez que hacen chasquear su lengua con el paladar produciendo sonidos de llamada para que la gente acuda a su parada instalada sobre el suelo del mercado, amontonado de jaulas de madera con patos, ocas, alguna que otra cabra, leche fermentada y buen queso de cabra.

Abuela siempre prefería las ocas, por ser estas de más delicado sabor, aunque el precio es mayor, pero comprando al mejor postor y con el buen regateo, abuela y Má siempre ganaban y se llevaban la mejor de las jaulas.

Acudíamos al mercado porteadas mis amigas y yo por la carretilla de Omar, saltando nuestros cuerpos al trotar de las piernas de Omar, para después de la compra reemplazarnos por la compra de ocas. Omar, en su retorno a casa, torneaba la carreta de lado a lado del camino de tierra que nos llevaba a casa, produciendo el alboroto de las enjauladas ocas que graznaban estridentemente como prediciendo al futuro degüello.





La "past de figue". 1

Al llegar a casa alimentábamos con higos en un fondo de miel y trigo amasado con agua caliente que Má echaba con su gran cacerola sacada del fuego de leña ardiente sobre el barreño.  Las niñas removíamos sin cesar la espesa masa cuya resistencia al voltearla era nuestro examen de crecimiento y fortaleza anual.

El olor característico del amasado se sublimaba en la posterior cocción, una vez finalizado el ritual de la alimentación,  durante dos o tres semanas y así producir "la paste de figue" de color rosado y de sabor excelente con su beteado de dulce mermelada. Después separaban la carne de oca de sus huesos y bien atada y rellenada,  la guisaban con sirope de granada y peras.

El graznido de las ocas, la noche anterior de la matanza, era de tal estridencia que no podíamos conciliar el sueño y en todos los hogares, las familias se solían acostar al alba. 

Nuestro gran comedor era de nuevo el punto de reunión. Las familias de Samira y también de Lea, se unían a nosotros, 

Las historias terminaban el último de los días, cuando Má hacía callar para siempre el graznido de las ocas, al alba.

Quizás las tertulias de esas noches intentaban ahogar la angustia que nos producía un graznar desesperado, las tradiciones justifican en ocasiones muchas necesidades del alma. Quizás por eso, dos días más tarde, se iniciaba la entrada a las escuelas. 

El ritual de la matanza y cocción de las ocas y la past de figue nos separaba el disfrutar del verano con el inicio de las etapas oscuras del invierno. El inicio de la escuela coincidía cuando el sol se ponía antes de media tarde. En mi Oriente las noches de invierno son tempranas y alargan las horas encerradas en cocinas y salas. Los hombres fuman la sissha mientras hablan, aunque abuela en la cocina tambien fumaba, ese tabaco tan perfumado de sésamo y manzanas.

Al amanecer y después del tazón de leche de cabra moteado de crujientes de canela, nos preparamos madre y yo para recorrer el camino a l'ecole. Pá sacó de nuevo su caja destelleante para inmortalizar mi uniforme.
Después y por fin Asma, mi madre se puso su bonito traje de color yema y florecillas de color gris con sus perlas repiqueteantes, para acompañar mi nueva experiencia.
Recorrimos el camino juntas, eguidas por padre y abuela. Era un gran acontecimiento mi entrada en la escuela . Prietas las manos de madre y mia y en la otra, también prieta y tensa mi pequeña maletita de cartón, llegamos al gran portalón de pesada madera y hierro, golpeamos con el eslabón, madre apretaba fuertemente mi mano, con miedo a soltarme, quizás sintiendo mis latidos y deseos de salir huyendo !Por favor! ¡sacarme de esta jaula! pensé al soltarme de la mano y cerrar el portalón tras ella y quedarme allí sola, con los graznidos de las que me parecían ocas aladas.


Dándonos paso a la explanada dirigida por una monja vestida de negro con su almidonado y curvado cubrecabeza de enorme tamaño que se balanceaba voleteando con sus andares a modo de gran visir de los rituales, me situó entremezclada en el gran patio donde se hallaban todas las monjas francesas, maestras y novicias de hábitos blancos, hablando entre ellas, alumnas de edades como la mía de cinco años, hasta edades ya casi casaderas, produciendo un gran algarabío.



-"Laçur Sehadín", mi nombre citado con voz potente, casi masculina, me volvió a la realidad y ya consciente de la situación, me dispusieron en la larga cola por estaturas junto a las pequeñas estudiantes como yo, con el mismo traje de lanilla oscuro y el cuello duramente almidonado alrededor del cuello, que nos mantenía la cabeza erguida.


Repartidas ya en grandes mesas que al levantar su sobre, podíamos poner en ella nuestra carterita de cartón, plumas, cuadernos y lápices. Allí estaba encajonada nuestra única individualidad. Alli terminaba Laçur Sehadín, de la maison Sehadín y allí comenzaban  el moldeado sumiso de los juegos libres.

Así empecé aquel inicio de otoño, a la caída de las hojas, lo que para mí fue ya un camino iniciado de luces y sombras, graznidos y silencios, muchas matanzas de ocas, mañanas de gorriones en mis despertares, pero al fin, ese fue mi primer contacto con la escuela, la de las monjas francesas.











©Gloria Giménez, para textos y fotografías




Nota: esta es la ultima entrada por capítulos de "el Objetivo inconsciente" ©Gloria Giménez, hasta la publicación obra completa. Gracias por vuestras 200 lecturas diarias. Gloria Giménez marzo 2015, Barcelona





miércoles, 3 de julio de 2013

El inconsciente en la fotografía.


En la era visual en la que estamos inmersos, que influencia ejerce sobre nuestro inconsciente?


Porqué nos produce una determinada emoción cuando observamos una fotografía?

Nos emociona el blanco y negro con mayor fuerza que el color o se trata del contenido?

De que forma el cerebro creativo percibe el arte?

De que forma el arte modifica nuestra emoción?



"la edad del inconsciente", (c)gloria giménez,2000





Es esta la era del inconsciente emocional,

 inundados por las imágenes ?  









Gloria Giménez es psicóloga y fotógrafa, vive y trabaja en Barcelona.